miércoles, 21 de abril de 2010

Reencuentro Con El Otro Cine

Circulan los afiches, los boletines de prensa y las primeras voces anunciando un festival cinematográfico internacional alternativo, un espacio dedicado a abordar el mundo desde miradas diversas, desde una óptica documental. Los Encuentros del Otro Cine llegan en mayo en su versión 9, la más reciente recopilación de películas documentales delineadas con temáticas que contrastan a la de los circuitos comerciales de cine y sus derivados en exhibición.

Multitudes asiduas consumidoras de documentales han dado la bienvenida a esta alternativa de codificación cinéfila; antecedentes como el drama de vida en Extranjeras de Helena Taberna, el activismo político en Los Perros de Adruian Jaime, el trabajo extraordinario de producción en Soy Cuba, El Mamut Siberiano de Vicente Ferraz, la traumática La Pesadilla de Darwin de Hubert Sauper, la conmovedora Los Gatos de Mirikitani, el ejemplificador trabajo de The Refugee All Stars de Zach Niles y Banker White, la diversidad de género de Dos Patrias: Cuba y La Noche de Christian Liffers, la inclusión social de Mundo Alas: Una Gira Diferente de León Gieco, Sebastián Schindel y Fernando Molinar, el desengaño en El Telón de Azúcar de Camila Guzmán, la dramática historia de los sobrevivientes de Los Andes en Stranded de Gonzalo Arijón, la defensa de un terruño beneficiado por la naturaleza en Después de la Neblina de Anne Slick y Danielle Bernstein… se mezclan con el suspenso de El Comité de Mateo Herrera, la memoria histórica en Velasco: Retrato de un Monarca de Andrés Barriga, la sencillez de un personaje único en Mete Gol Gana de Felipe Terán, la muestra de una identidad nacional amalgamada por el fútbol en Tarjeta Roja de Rodolfo Muñoz, filmes que invitan a soñar, a la reflexión, a llorar, y hasta a brincar del asiento.

Perennes –para los que estuvimos presentes- aquellas inauguraciones con escenarios saturados, ambientados por la ansiedad del primer día, de los preliminares, los pequeños detalles imperceptibles de la decoración, la atmosfera de “novelería” camuflada con vicios de “intelectualidad”, que allanaban el camino a las presentaciones de filmes como Santiago, ese filme dotado de hermosura de João Moreira Salles, que rompía esquemas narrativos y experimentaba con sencillos recursos fílmicos y que estaba atravesado por una historia de simpatía oculta; o el apasionante filme de Joe Berlinger, Crudo cuya presentación fue acompañada de un concluyente aplauso colectivo que hizo temblar los cimientos del ‘Teatro Universitario’, mientras uno de sus protagonistas el activista Pablo Fajardo cerraba elevaba el puño de su mano derecha en símbolo de agradecimiento.

Los EDOC son un evento singular, único en el calendario cultural del país de la mitad del mundo, un evento merecedor de palmas, y al que habrá que asistir en familia, entre amigos, en pareja o simplemente solo. Los EDOC están cerca…

martes, 20 de abril de 2010

La Ley del Recuerdo

Fue un viernes 3 de febrero del año 2006, cuando unos documentos sellados -presuntamente importantes- hacían el ingreso en el Registro Oficial de leyes de la Republica del Ecuador; el contenido: la “Ley de Fomento al Cine Nacional”. Por esos años el país de la mitad del mundo era gobernado por el tan poco recordado Alfredo Palacio, heredero de un poder impuesto por la furia de unos cuantos llamados “forajidos” y por una derecha cansada de los tropiezos y desaciertos del “coronel”.

Al cine ecuatoriano había parecido llegarle un aliciente, una esperanza de vida, como cuando a un enfermo en etapa terminal le extienden el plazo de vida, o mejor aún le comunican que milagrosamente se ha curado. Los tiempos parecían cambiar, atrás quedarían los proyectos inconclusos, los guiones interminables, las secuencias no filmadas,… y es que el cine ecuatoriano adolecía no de falta de talento o criterio fílmico, adolecía la falta de recursos, la inexistencia del preciado papel verde llamado dólar.

Las experiencias de glorias pasadas en el campo audiovisual parecían posibles otra vez. Los recuerdos sacudían a la memoria colectiva; ahí estaban los vestigios de los primeros filmes de Augusto San Miguel, los documentales y reportajes de mediados del Siglo XX, las postmodernas adaptaciones cinematográficas de ‘La Tigra’ y ‘Entre Marx y una Mujer desnuda’ dirigidas por Camilo Luzuriaga, la sublime expresión antropológica del documental ‘Hieleros del Chimborazo’ de Gustavo e Igor Guayasamín, el enunciado realismo “sucio” de ‘Ratas, Ratones y Rateros’ de Sebastián Cordero, y otras muchas producciones fílmicas que habían dejado de una u otra forma una marca imborrable en la psiquis del cine nacional ecuatoriano.

Con la “Ley de Cine” ya inscrita y “El Reglamento” aprobado el 18 de febrero de 2006, la creación de un Concejo Nacional de Cine que administre los recursos destinados a esta actividad en el “Fondo de Fomento al Cine” -incluido el 24 de enero en el presupuesto general del Estado-, era inminente. Pronto los primeros beneficiados tendrían en sus manos la responsabilidad de enrumbar el renacer del cine ecuatoriano; se estrenarían entonces ‘Que Tan Lejos’ de Tania Hermida, ‘Esas No son Penas’ de Anahí Hoeneisen, ‘Se Que Vienen A Matarme’ de Carl West, los documentales ‘El AVC, del Sueño al Caos’ de Isabel Dávalos, ‘Mete Gol Gana’ de Felipe Terán,… a las que pronto le seguirán ‘Cuando Me Toque A Mí’ de Víctor Arregui, ‘Impulso’ de Mateo Herrera, ‘Cuba el Valor de Una Utopia’ de Yanara Guayasamín, ‘Alpachaca, Puente de Tierra’ de Jorge Luis Narváez, ‘Chigualeros’ de Alex Schlenker, ‘Descartes’ de Fernando Mieles, ‘A Cielo Abierto’ de Pocho Álvarez y varias más.

Así el andar del cine ecuatoriano ha sido relativamente provechoso, salvando algunas excepciones con uno que otro filme, y es que tal vez nada puede ser perfecto, como no ha sido perfecto el camino que los cineastas y profesionales del medio tuvieron que transitar para rearmar una “industria” desbaratada. Y pensar que hoy en lugar de soñar en un futuro mejor para el que hacer cinematográfico nacional, nos encontramos con la funesta noticia de que la llamada “Ley de Fomento al Cine Nacional” está a punto de desaparecer por iniciativa de algunos asambleístas, quienes pretenden borrar con una firma lo conseguido hasta ahora. La escena cinematográfica nacional está en pie de lucha y va a pretender mantenerse en foco, esta historia fílmica no comenzó aquí – en realidad comenzó mucho antes con la llegada del cinematógrafo al país por el puerto de Guayaquil a finales del Siglo IXX o principios del Siglo XX- y tampoco terminará aquí –en medio de una proliferación de producciones cinematográficas-: ¡el sector audiovisual y el cinematográfico está en marcha!.