Al cine ecuatoriano había parecido llegarle un aliciente, una esperanza de vida, como cuando a un enfermo en etapa terminal le extienden el plazo de vida, o mejor aún le comunican que milagrosamente se ha curado. Los tiempos parecían cambiar, atrás quedarían los proyectos inconclusos, los guiones interminables, las secuencias no filmadas,… y es que el cine ecuatoriano adolecía no de falta de talento o criterio fílmico, adolecía la falta de recursos, la inexistencia del preciado papel verde llamado dólar.
Las experiencias de glorias pasadas en el campo audiovisual parecían posibles otra vez. Los recuerdos sacudían a la memoria colectiva; ahí estaban los vestigios de los primeros filmes de Augusto San Miguel, los documentales y reportajes de mediados del Siglo XX, las postmodernas adaptaciones cinematográficas de ‘La Tigra’ y ‘Entre Marx y una Mujer desnuda’ dirigidas por Camilo Luzuriaga, la sublime expresión antropológica del documental ‘Hieleros del Chimborazo’ de Gustavo e Igor Guayasamín, el enunciado realismo “sucio” de ‘Ratas, Ratones y Rateros’ de Sebastián Cordero, y otras muchas producciones fílmicas que habían dejado de una u otra forma una marca imborrable en la psiquis del cine nacional ecuatoriano.
Con la “Ley de Cine” ya inscrita y “El Reglamento” aprobado el 18 de febrero de 2006, la creación de un Concejo Nacional de Cine que administre los recursos destinados a esta actividad en el “Fondo de Fomento al Cine” -incluido el 24 de enero en el presupuesto general del Estado-, era inminente. Pronto los primeros beneficiados tendrían en sus manos la responsabilidad de enrumbar el renacer del cine ecuatoriano; se estrenarían entonces ‘Que Tan Lejos’ de Tania Hermida, ‘Esas No son Penas’ de Anahí Hoeneisen, ‘Se Que Vienen A Matarme’ de Carl West, los documentales ‘El AVC, del Sueño al Caos’ de Isabel Dávalos, ‘Mete Gol Gana’ de Felipe Terán,… a las que pronto le seguirán ‘Cuando Me Toque A Mí’ de Víctor Arregui, ‘Impulso’ de Mateo Herrera, ‘Cuba el Valor de Una Utopia’ de Yanara Guayasamín, ‘Alpachaca, Puente de Tierra’ de Jorge Luis Narváez, ‘Chigualeros’ de Alex Schlenker, ‘Descartes’ de Fernando Mieles, ‘A Cielo Abierto’ de Pocho Álvarez y varias más.
Así el andar del cine ecuatoriano ha sido relativamente provechoso, salvando algunas excepciones con uno que otro filme, y es que tal vez nada puede ser perfecto, como no ha sido perfecto el camino que los cineastas y profesionales del medio tuvieron que transitar para rearmar una “industria” desbaratada. Y pensar que hoy en lugar de soñar en un futuro mejor para el que hacer cinematográfico nacional, nos encontramos con la funesta noticia de que la llamada “Ley de Fomento al Cine Nacional” está a punto de desaparecer por iniciativa de algunos asambleístas, quienes pretenden borrar con una firma lo conseguido hasta ahora. La escena cinematográfica nacional está en pie de lucha y va a pretender mantenerse en foco, esta historia fílmica no comenzó aquí – en realidad comenzó mucho antes con la llegada del cinematógrafo al país por el puerto de Guayaquil a finales del Siglo IXX o principios del Siglo XX- y tampoco terminará aquí –en medio de una proliferación de producciones cinematográficas-: ¡el sector audiovisual y el cinematográfico está en marcha!.

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