Circulan los afiches, los boletines de prensa y las primeras voces anunciando un festival cinematográfico internacional alternativo, un espacio dedicado a abordar el mundo desde miradas diversas, desde una óptica documental. Los Encuentros del Otro Cine llegan en mayo en su versión 9, la más reciente recopilación de películas documentales delineadas con temáticas que contrastan a la de los circuitos comerciales de cine y sus derivados en exhibición. Multitudes asiduas consumidoras de documentales han dado la bienvenida a esta alternativa de codificación cinéfila; antecedentes como el drama de vida en Extranjeras de Helena Taberna, el activismo político en Los Perros de Adruian Jaime, el trabajo extraordinario de producción en Soy Cuba, El Mamut Siberiano de Vicente Ferraz, la traumática La Pesadilla de Darwin de Hubert Sauper, la conmovedora Los Gatos de Mirikitani, el ejemplificador trabajo de The Refugee All Stars de Zach Niles y Banker White, la diversidad de género de Dos Patrias: Cuba y La Noche de Christian Liffers, la inclusión social de Mundo Alas: Una Gira Diferente de León Gieco, Sebastián Schindel y Fernando Molinar, el desengaño en El Telón de Azúcar de Camila Guzmán, la dramática historia de los sobrevivientes de Los Andes en Stranded de Gonzalo Arijón, la defensa de un terruño beneficiado por la naturaleza en Después de la Neblina de Anne Slick y Danielle Bernstein… se mezclan con el suspenso de El Comité de Mateo Herrera, la memoria histórica en Velasco: Retrato de un Monarca de Andrés Barriga, la sencillez de un personaje único en Mete Gol Gana de Felipe Terán, la muestra de una identidad nacional amalgamada por el fútbol en Tarjeta Roja de Rodolfo Muñoz, filmes que invitan a soñar, a la reflexión, a llorar, y hasta a brincar del asiento.
Perennes –para los que estuvimos presentes- aquellas inauguraciones con escenarios saturados, ambientados por la ansiedad del primer día, de los preliminares, los pequeños detalles imperceptibles de la decoración, la atmosfera de “novelería” camuflada con vicios de “intelectualidad”, que allanaban el camino a las presentaciones de filmes como Santiago, ese filme dotado de hermosura de João Moreira Salles, que rompía esquemas narrativos y experimentaba con sencillos recursos fílmicos y que estaba atravesado por una historia de simpatía oculta; o el apasionante filme de Joe Berlinger, Crudo cuya presentación fue acompañada de un concluyente aplauso colectivo que hizo temblar los cimientos del ‘Teatro Universitario’, mientras uno de sus protagonistas el activista Pablo Fajardo cerraba elevaba el puño de su mano derecha en símbolo de agradecimiento.
Los EDOC son un evento singular, único en el calendario cultural del país de la mitad del mundo, un evento merecedor de palmas, y al que habrá que asistir en familia, entre amigos, en pareja o simplemente solo. Los EDOC están cerca…

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